viernes, 10 de agosto de 2007

INVERNADEROS TROPICALES
Felipe Mesa. 2006

Introducción
La industria de cultivos y exportación de flores colombianas a otros países, ha requerido cada vez con más intensidad la construcción de invernaderos apropiados para dicho objetivo en diversas regiones del país, por ejemplo en la Sabana de Bogotá y en algunos municipios de Antioquia como El Retiro, La Ceja, Río Negro y El Carmen, entre otros. Sin desconocer los complejos intereses que hacen necesaria esta arquitectura, o su papel utilitario, anclado en los sistemas de producción actuales, se debe aclarar que en este texto, el interés por ella no surge desde el mencionado campo de reflexión, sino más bien, desde un interés netamente arquitectónico que pone atención en las cualidades materiales, energéticas, perceptivas, sociales y en las técnicas restrictivas impuestas en estas construcciones. También es bueno decir que el ojo puesto en estas arquitecturas “corrientes”, busca desentrañar mecanismos, estrategias y maneras de hacer que infecten los procesos a veces estériles, abstractos, repetitivos y cerrados de la arquitectura que desea ser culta.

El texto que a continuación se presenta no quiere ser análisis, crítica o descripción, sino más bien una información calcada de la vida propia de las construcciones en cuestión. Quiere reducir el proyecto, su cuerpo vivo, a su restricción escrita. A la “inteligencia” que lo ha posibilitado.

Condiciones de partida
1. En este caso nuestro punto de vista (aunque cuestionable, debido a la adecuada inserción de esta arquitectura en los procesos económicos y políticos actuales)
entenderá la arquitectura de invernaderos bajo una perspectiva de la necesidad, y no de la abundancia.
2. La condición anterior delimita el campo de reflexión. Una rápida visita a las construcciones mencionadas, permite constatar dos maneras actuales y simultáneas de fabricar invernaderos en donde los procesos técnicos se van modificando y se pasa de una mezcla entre naturaleza artesanal y mecánica, a otra completamente mecánica:
La primera es el llamado invernadero “Capilla”, y la segunda es el invernadero “Espacial”. El primer caso es una arquitectura de baja complejidad tecnológica y de bajo costo, de dominio común tanto de empresarios como de campesinos y obreros, de opinión, de ensayo y error, de tiempo, de luces moderadas y de gran flexibilidad. El segundo es una arquitectura “culta”, de encargo y de problemas técnicos de cierta complejidad: amplias luces, estructuras livianas, resistencia a los vientos, materiales altamente cualificados, etc... Requiere de ingenieros (según lo estudiado no de arquitectos) o de fabricantes hábiles y de mayores presupuestos.
Siguiendo la primera condición de partida, nuestro objeto de estudio en este caso será únicamente la primera manera de pactar un invernadero: el tipo “Capilla”.
3. Las condiciones ambientales y climáticas de la zona tropical la definen como un invernadero “natural”. La carencia de estaciones marcadas y la generalizada inexistencia de nevadas determinan el hecho de que estos edificios no requieran mecanismos para climatizar su interior. Sus requerimientos técnicos surgen de la necesidad de proteger los cultivos de la lluvia y el granizo en varios sentidos: por los daños mecánicos que estos le infligen a las plantas, y para controlar la humedad que generan, la cual propicia la proliferación de hongos y por lo tanto hace necesaria la fumigación. Aunque las construcciones carecen de la responsabilidad de climatización, colateralmente ayudan a controlar la temperatura: las diferencias entre interior y exterior oscilan entre 3 y 4 grados de diferencia manteniendo principalmente más cálido el interior en la noche.
4. En respuesta al “greenhouse” de estructura metálica y vidrio, con grandes requerimientos técnicos que se sigue construyendo en Holanda, Estados Unidos, Inglaterra y otros países, estudiamos el “plastichouse”, utilizado a partir de la segunda mitad del siglo XX en diversas regiones tropicales como Colombia, Ecuador, Costa Rica, etc...


Restricciones y Acuerdos
Restricción1. El invernadero no puede ser una estructura rígida, debe crecer y decrecer flexiblemente, debe ser fácilmente desmontable, debe poder armarse en tierras alquiladas y debe ser una construcción barata.
Acuerdo1. Su estructura es flexible en dos dimensiones: largo y ancho. En un sentido longitudinal se van armando naves profundas definidas por cerchas que se ubican una tras otra, la nave puede ser tan larga o tan corta como se necesite. En un sentido transversal, se determina la sucesión de naves que se juntan a lo largo del encuentro de las canoas recolectoras del agua de la lluvia. De nuevo en este sentido hay flexibilidad en el crecimiento, en el tamaño y en los gastos requeridos, sumando la cantidad de naves que sean necesarias. No hay un pensamiento determinado con respecto a la forma final del edificio, sino un hacerse “inteligente” que conlleva unas formas abiertas y de la espera. El edificio no es liviano como metáfora sino de forma concreta: es fácilmente desarmable, transportable y pesa poco.

Restricción 2. El edificio requiere una superficie más o menos nivelada para que su flexibilidad se haga efectiva. (Casos de terrenos inclinados serían tema de otra ocasión).
Acuerdo 2. La geometría longitudinal y repetición de las naves y su particular planeamiento de recolección de aguas, definen una curvatura extendida a lo largo de las cubiertas que permite al edificio restituir o inventar una nueva zona montañosa.

Restricción 3. Los materiales para la construcción del invernadero deben provenir de diferentes relaciones nuestras con el mundo material: debe convivir lo artesanal con lo mecánico.
Acuerdo 3. La estructura puede fabricarse con madera sin procesar, con madera inmunizada, con guadua o con columnas y cerchas metálicas livianas.
No hay paredes, cubiertas y canoas, sino una única superficie envolvente que controla la lluvia y la temperatura, definida por plásticos translúcidos y gruesos, en algunos casos acompañados de tejidos sintéticos que permiten el acceso de aire fresco en las zonas de menor riesgo de acceso de agua.
Cables, grapas y ganchos metálicos permiten rigidez, acoples y encuentros adecuados de los dos materiales anteriormente mencionados: los cables tensionan y amarran la estructura a la tierra, a manera de tienda de campaña, las grapas permiten coser el plástico a la estructura, y los ganchos en forma de “Y”, reciben las canoas plásticas.

Restricción 4. El interior del invernadero debe tener ventilación pasiva, y en algunos fragmentos debe dejar ver el color del cielo sin tamizar.
Acuerdo 4. La geometría de las cerchas estructurales deja espacio para una abertura superior que permite la salida de aire caliente, y algunos tramos del plástico vertical actúan como cortinas que suben y bajan según se requiera el acceso de aire fresco. El cielo accede al interior a través de bandas superiores, longitudinales e inclinadas.

Restricción 5. La lluvia debe transportarse al exterior del edificio con velocidad, y debe ser un material más de construcción.
Acuerdo 5. Los tramos longitudinales de contacto entre una nave y otra se definen como canoas plásticas compartidas. Cada nave tiene cubierta a dos aguas que conduce la lluvia a dos extremos finales del invernadero. Debido a ello, las estructuras poseen alturas variables según se encuentren en las zonas centrales o en las zonas externas de la nave: las primeras requieren estructuras más altas. Esta condición define la curvatura montañosa ya mencionada, y la inclinación necesaria para que el agua se evacue rápidamente. Las canoas se moldean en plástico hacia el exterior del edificio, conviviendo con la zona de cables tensores. El plástico amplifica el sonido de la lluvia y por su color y percepción liviana se acerca al material de las nubes y a su condición ligera y pasajera.

Restricción 6. El material envolvente debe permitir el acceso de la luz, debe ser translúcido.
Acuerdo 6. El plástico controla los rayos ultravioleta y deja acceder al edificio el espectro de la luz que es adecuado para que las plantas realicen la fotosíntesis y creación de azucares. Debido a su translucidez los jardines exteriores acceden al interior, y viceversa. La forma es abierta, menos acotada.

Restricción 7. El invernadero es un edificio que debe operar 24 horas al día.
Acuerdo 7. El invernadero no se cierra y la vida interior permanece en actividad. Sistemas eléctricos y redes de iluminación adecuadas, descolgadas de la estructura, mantienen en actividad los procesos de crecimiento y colaboran con el control de la temperatura. Si en el día la percepción lejana se acerca a formaciones montañosas o a nubes bajas, en la noche pasa a ser la percepción de extensas lámparas o de luciérnagas fuera de escala.

Restricción 8. Debe haber cercanía entre los conocimientos de las personas cercanas y el edificio en cuestión.
Acuerdo 8. Tanto propietarios como campesinos de la zona y trabajadores de los cultivos aportan conocimientos técnicos o perceptivos heredados, mezclados con nuevos conocimientos provenientes de catálogos y técnicas de otros fabricantes. Pueden tomar decisiones sobre la mejor disposición del invernadero, pautar su crecimiento en el tiempo o planear su desmontaje. El edificio hace visible algunos procesos que en él ocurren, y las personas pueden acceder a conocerlos.

Acuerdo en proceso
Complejos procesos se realizan involucrando a estos edificios. En el caso de las flores por ejemplo, la creación de híbridos de especies cercanas que producen una sola generación infértil, procuran a través las nuevas variedades, el incremento en las ventas y un menor impacto ambiental desde el punto de vista de la utilización de fertilizantes, pero dicho proceso está a su vez acompañado de la creación de patentes privadas de recursos biológicos.

¿Estos invernaderos deberían colaborar en la formación de una posición crítica en las personas que los habitan o que los visitan, frente a los procesos materiales y biológicos que en ellos ocurren?, o en otras palabras, ¿Cómo se da la relación entre el mundo material y el mundo del pensamiento?, ¿Cómo los objetos y los procesos transforman nuestra manera de pensar y viceversa?, pero más concretamente, ¿Qué pactos tendremos que hacer para llevar a cabo la construcción de una nueva manera de relacionarnos con la naturaleza, y cómo la arquitectura puede posicionarse críticamente frente a esta pregunta?

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